
Cada vez observamos más dificultades en los niños y adolescentes para prestar atención o para concentrarse en una actividad.
Esto puede deberse a la sobrecarga de actividades, el abuso de las pantallas, la falta de exigencia de auto-organización (el horario les viene dado por el adulto, de forma que el día ya se encuentra estructurado de antemano), la escasa colaboración solicitada en tareas domésticas, o puede ser la consecuencia de dificultades socio-familiares o emocionales.
Cuando los despistes y los olvidos se producen con una intensidad y/o una frecuencia llamativas, podemos sospechar que existe un problema.
Los niños con Déficit de Atención mostrarán, al menos, 6 de los siguientes indicadores:
- No se fija en los detalles y comete errores por descuido en las actividades escolares o en otras actividades,
- Tiene dificultades para mantener la atención en tareas o actividades recreativas (para mantener la atención en clase, durante las conversaciones, en lecturas largas,…),
- Parece que no escucha cuando le hablas directamente,
- No sigue las instrucciones que se le dan o las hace a medias,
- Tiene dificultades para organizar sus tareas y actividades (por ejemplo, para ordenar sus materiales escolares, o para manejar el tiempo del que dispone para hacer sus tareas),
- Muestra rechazo ante tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido,
- Pierde cosas habitualmente,
- Se distrae con facilidad con los estímulos a su alrededor,
- Es olvidadizo o descuidado en actividades cotidianas.
Si, además, muestra al menos 6 de los siguientes indicadores (5 para mayores de 17 años), es posible que tu hijo presente Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad e Impulsividad:
- Con frecuencia juguetea con o golpea las manos o los pies o se retuerce en el asiento,
- Se levanta en situaciones en que se espera que permanezca sentado,
- Corretea o trepa en situaciones en las que no resulta apropiado (en adolescentes puede limitarse a sensación de inquietud),
- Es incapaz de jugar o realizar actividades tranquilas,
- Actúa como “impulsado por un motor”,
- Habla sin parar,
- Responde antes de que se haya concluido una pregunta (por ejemplo, termina las frases de otros o no respeta el turno de conversación),
- Le cuesta esperar su turno (en una cola, en juegos…),
- Interrumpe actividades o conversaciones de otros.
