
La autoestima se construye en gran medida en la infancia y la adolescencia. Implica valorar de forma positiva nuestras capacidades y rasgos personales, aceptando también los negativos. Una autoestima ajustada nos facilita la adaptación, la felicidad, la autonomía y el aprendizaje.
Los niños y adolescentes que verbalizan con cierta frecuencia frases como “soy tonto”, “yo no valgo para esto”, “no puedo hacerlo”…. tienen una baja autoestima. Suelen ser niños muy críticos consigo mismos, que no se perciben tan buenos o capaces como otros, se comparan mucho con los demás, muestran poca confianza en sí mismos y muchas inseguridades, se fijan más en las veces que cometen errores que en las que hacen las cosas bien,… Otros indicadores pueden ser el retraimiento a la hora de relacionarse, la dependencia de los padres o de los profesores para hacer las cosas, o el pedir más ayuda de la necesaria.
Para que los niños tengan una buena autoestima, además de enseñarles a ver sus cualidades positivas, hay que enseñarles a aceptar la crítica, la frustración ante los errores, el valor del esfuerzo para conseguir las metas personales, y también a aceptar los aspectos negativos de uno mismo que no se pueden cambiar.
