Ansiedad y estrés

La sensación de estar estresado puede ser desencadenada por acontecimientos que identificamos claramente: sobrecarga de tareas, mal ambiente laboral, cambios familiares…

En otros momentos, puede derivarse de nuestra forma de afrontar la vida, con perfeccionismo, un deseo excesivo de agradar o rigidez.

También ocurre que, sin que seamos conscientes de la causa, comencemos a sentir síntomas de ansiedad: respiración acelerada, mareos, sensación de falta de aire, taquicardias, hormigueo en alguna parte del cuerpo, dolores, sensación de peso en el pecho, sudores, escalofríos, temblores, pinchazos, molestias abdominales, fatiga y un sinfín de síntomas físicos.

Estas sensaciones (crisis de pánico de corta duración) son vividas por una gran parte de la población en algún momento de la vida. Sin embargo, no todo el mundo le atribuye la misma importancia. La hiperfocalización de la atención en estas sensaciones conducirá a interpretaciones catastrofistas: voy a volverme loco, me va a dar un ataque al corazón, voy a perder el control, me desmayaré, tengo un tumor cerebral,… Entonces estaremos sufriendo un ataque de pánico, que puede repetirse una y otra vez, y nos generará un miedo y una tensión constantes.

La ansiedad también puede manifestarse de otras formas (agorafobia, obsesiones, compulsiones, ansiedad generalizada o hipocondría) y todas tienen tratamiento psicológico. La mayoría de las personas que sufren ansiedad recurren únicamente a la terapia farmacológica, descuidando el propio control sobre los síntomas. Conocer primero los mecanismos que desencadenan la ansiedad, y aprender después herramientas para controlarla, te ayudarán a superarla.